Una breve reflexión sobre el aborto y la democracia


Resulta ciertamente interesante ver como un debate tan digno y complejo como el de la cuestión del aborto es llevado a la pusilanimidad típica de un partido de fútbol (o peor aún, al fanatismo enervante irracional por un equipo por el mero hecho de una suerte de sentido de pertenencia).
Un debate que debería ser enfocado en todos los aspectos que conlleva, profundamente analizado desde toda óptica y entendido como un cuestionamiento directo al paradigma empirista natural, anteponiendo un planteo de libertades personales. En vez del que quizá es uno de los planteos más complejos que se puede realizar  y su consecuente contraparte tenemos a un grupo de ridículos autosuficientes peleando por quien posee la mejor y más aceptada visión. He de aclarar que no me estoy deteniendo al mero análisis de los legisladores que hoy están poniendo (se en vergüenza) su opinión respecto al tema, sino que pretendo acaparar a un sector muchísimo más amplio, al de un grupo numeroso (y ruidoso) de la sociedad.
 Pareciese que el alto mando y el control de un debate tan grandilocuente esté controlado por el sector más estúpido, vano, autómata y, por sobre todas las cosas, menos capacitado para llevar a cabo algo tan fuera de su alcance. Esas personas que conoces por ser dignas de premiarse a causa de su increíble ignorancia, incapaces de entender un hecho histórico, un proceso social o siquiera un cuestionamiento medianamente lógico creen tener la potestad de tratar un tema tan complejo.  Ni hablar de aquellos que han demostrado, año tras año, ser la escoria más grande que existe en la sociedad pero que ante la popularización del tópico pretender ser unos pseudoconcientizadores, buscando tapar su asquerosa y repelente actitud, ganando una suerte de apoyo social que obviamente aprovechan para seguir con sus fechorías.
 Resulta totalmente irrisorio que tales personas, batuta de dos paradigmas incapaces de comprender pero si de seguir cual perro faldero, planteen quejas acerca del desempeño de los representantes que hoy están haciendo su labor (ponele). ¿No es acaso eso la democracia? ¿El sistema por el cual los inoperantes, ignorantes e intentos de personas pensantes (la vasta mayoría de sociedad, curiosamente) descargan su estupidez en un voto por alguien con quien se identifican (oh casualidad, otro estúpido)?  No es sorpresa que hoy y siempre hayamos sido gobernados por nefastos lideres incapaces de tomar decisiones medianamente lógicas, es la consecuencia de creer que todos somos iguales, que todos tenemos una misma función y que todos somos igualmente útiles. Y es de este último punto del que se desprende otra cuestión ¿el hecho de que haya dos tumultos enormes en contrapartes ideológicas indica necesariamente que alguno tenga la razón? La realidad es que no, la realidad es que la mayoría de estos grupos está formada por gente que cree ser digna de emitir una opinión pero que en realidad dicha opinión supera, en todo sentido, a la capacidad intelectual de estas personas. Son personas que hablan sin entender bien de qué y por qué, simplemente siguen una corriente, simplemente son controlados por un sector capaz de usarlos para su usufructo, “idiotas útiles” los hubiese llamado Stalin. Qué triste resulta que el debate sea llevado a cabo por políticos pseudointelectuales fieles representantes de la idiotez de la sociedad; por adolescentes cuyo único anhelo y logro en la vida está directamente relacionado con su actividad sexual, la cantidad de estupefacientes que pueden consumir o cuan al pie del cañón se encuentren; por burdos seres que toman una idea política como un club de fútbol, creando sus propios símbolos, usándolos cual prenda a la moda, mostrándolos cual distinción digna y pretendiendo que eso los está salvando de ser lo que por naturaleza son: seres burdos. Más triste aun es que personas realmente pensantes, con motivaciones y planteos lógicos, con análisis y estudios de añares se queden al margen del debate que debería ser para ellos, digno de sus capacidades más allá de la triste y normal mediocridad.

Parafraseando al Sr Presidente Mauricio Macri: “No importa cuál sea el resultado, hoy ganará la democracia” en efecto, hoy gana ese sistema inviable y anacrónico por el cual lo paupérrimo gobierna por sobre lo útil, lo estúpido gobierna por sobre las ideas, el titubeo gobierna por sobre el pragmatismo y la falta de capacidad se vuelve el común denominador de una sociedad cobarde, débil y sin picos de grandeza. La democracia es el lastre de la mediocridad a causa de las mayorías, y con ella se lleva cuestiones sumamente provechosas para un ser pensante. Un desperdicio, en todo sentido, desde la mera existencia del debate per sé sin posturas lógicas ni amplias hasta las consecuentes formulaciones de propuestas y soluciones que ahora quedan en manos de paupérrimos gobernantes incapaces de usar el pensamiento.  Una lástima.

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