Sobre Diego Armando Maradona

 

 Decidí suspender mi proyecto actual para dedicarle unas palabras al recientemente fallecido astro del fútbol, Diego Armando Maradona. Durante estas últimas horas de conmoción y tristeza generalizada he notado que las personas se olvidan que detrás del mito, de la polémica y del talento había una persona y me parece que el acto de respeto más grande que puedo ofrecerle es dignificar y denotar su condición humana.

 Me gustaría empezar citando palabras de su entrenador físico: “Con Diego iría hasta el fin del mundo, pero con Maradona no daría ni un paso”. Maradona es un personaje, un ser ficticio que tuvo que crear un chico humilde, inseguro y golpeado por la vida para tener el coraje y la determinación de ir más allá.

 Algo que muchos olvidan, quizá debido al lujo que rodeó a Diego en sus últimos años de vida, es que fue un chico de familia pobre que vivió su infancia en la zona más baja de Villa Fiorito. Diego Armando Maradona fue una persona que se hizo a sí misma con un solo objetivo que siempre admitió y que lo mantuvo firme en su búsqueda de la gloria: sacar a su familia de la pobreza y comprarles una casa digna.  A los quince años lo logró gracias a su prometedora actuación en Argentinos Jrs, club que le compraría un departamento cerca de sus locaciones. Me aferro a este hecho tan grande en la vida de su familia para preguntarles ¿pueden ponerse en esa situación?

 Nadie le enseñó a Diego lo que podría conseguir con tan solo salir a la cancha, los costos que acarrea la fama, cómo no dejarse pisotear por la presión mediática, de qué cosas debía escapar en aquel mundo de ensueño que ahora le abría las puertas. No solo era un chico de quince años, sino que uno marginado, que no tuvo acceso a una educación de calidad y que cuyo único sostén moral fueron sus padres. Con tan poca edad tuvo que ponerse en la espalda a toda su familia, tenía la presión de no volver a Fiorito en cada partido que jugó.

 No voy a hablar específicamente de su fútbol, no creo ser quien deba hacerlo y mi objetivo escapa de ello, pero lo que me gustaría tocar es la razón detrás de su actitud ganadora e incansable. Su familia y, posteriormente, un país entero pendía de sus dos piernas. Tal peso y responsabilidad es inenarrable e imposible de conciliar para una persona de a pie. Por ello Diego tuvo que crear a Maradona, un ser que no podía fallar y que todo lo que pueda ponerse a su espalda lo haría solo por demostrar su capacidad, sin darse cuenta de cómo podría terminar eso.

 En el anterior párrafo menciono que Maradona tuvo a sus espaldas a todo el país. Pese a lo grandilocuente y cuasi endiosado de aquella frase, lejos está de ser exagerada. Creo no tener palabras para definir la pasión que tiene la gente de esa generación por Diego Maradona. Es ese sentimiento que vi en los ojos lacrimógenos de personas de mediana edad al enterarse la noticia, los llantos inconsolables de padres y abuelos ante la pérdida de alguien especial para ellos. Eso motivó que existan estos párrafos, porque eso no lo transmite cualquier individuo y la hipocresía para con él empieza a abundar de una manera injusta.

 ¿Cómo puede alguien que juega a la pelota generar tanto a tantas personas? Es todo cuestión de contexto. El terror asedió la Republica y consigo se llevó vidas, esperanzas y, para más inri, les dio a las personas la ilusión de victoria en una guerra perdida. Un pueblo derrotado, pateado a más no poder y con la desesperanza encarnada en cada centímetro de su piel. Es ese país destrozado el que, sin ninguna forma de preverlo, vio a su bandera alzarse en gloria tras tanto tiempo en los pies de un chico salido de la pobreza absoluta. A la primera acusación injusta que surgió de sectores poco empapados de realidad “¿Por qué tres días de duelo por un futbolista?”: porque fue el primer atisbo de felicidad que conoció nuestro país tras los años más oscuros de su historia, es un acto digno de ser honrado como lo es cualquier acto que enaltezca a una nación desde la perspectiva de la misma. Me gustaría hacer hincapié en que no soy un acérrimo seguidor del deporte ni mucho menos pero no admitir ni cualitativa ni cuantitativamente lo que representa Maradona para el inconsciente argentino es necio.

 Ya que toqué las injusticias que sufrió el hombre detrás de la figura de Maradona, voy a ahondar en el tema. Dudo que exista en el mundo una persona tan prostituida mediáticamente como Diego Armando Maradona. Cada escabroso detalle de su vida privada fue difundido y dilapidado por la mirada juzgante de una sociedad hipócrita que escuda sus falencias en las ajenas. Es preciso aclarar que no defiendo ninguno de los actos que haya cometido el famoso futbolista en su vida, ni avalo que nadie los lleve a cabo en ninguna circunstancia. No obstante, como persona de a pie que soy, no me es indistinto el contexto y la incomparable presión que tuvo (gran parte auto impuesta) Diego Maradona durante toda su vida. A Maradona no lo avalo, pero entiendo que pasase por todo lo que pasó, a nadie lo preparan para ser una de las personas más conocidas del mundo, para que te alaben como a un Dios en tu tierra y en otras, para sostener la integridad de un país, para revivir un club cuasi inexistente como lo era Napoli, y mucho menos siendo alguien que surgió de la más absoluta pobreza. Antes de siquiera asimilar que estaba siendo el sostén de su familia, tuvo que ponerse mucho más peso del que podría ser capaz de entender sobre sí.

 Me cuesta no ver a aquellos que menosprecian y repudian el emblema que es Maradona para el argentino como gente con nula consciencia de clase (paradójicamente aquellos que se embanderan en el odio dicen ostentarla en grandes cantidades) cuyo pensamiento no es más que el producto de años y años de prensa rosa inmoral e inhumana. Un hombre que, por sucumbir ante la presión de no fallar, se hundió en la enfermedad de la adicción ¿Qué clase de persona puede atacar, escupir y divulgar la vida de alguien enfermo en vez de ayudarlo?

 Claro está que ninguno de los que estamos acá creemos que seríamos capaces de cometer los errores que cometió Maradona, pero tampoco ninguno de nosotros estamos en la posición que estuvo él, ni tuvimos los pocos recursos que tuvo en la infancia para formarse como persona. Resulta muy sencillo desde afuera mofarse de sus fallos, pero cuando humanizamos la figura de aquel ser glorificado nos damos cuenta que muy pocos hubiesen podido hacer algo distinto. Maradona era, por sobre todas las cosas, un hombre escondido en sus logros que no pudo con todo lo que tuvo que lidiar fuera de la cancha. Muchos de sus fallos realmente no son exclusivos de él, sino que son comunes en la sociedad actual, por lo cual resulta hipócrita que solo a aquel cuya vida fue mediatizada sin consentimiento alguno se lo juzgue por ello.

 Sobre aquella famosa y deplorable foto en Cuba con menores de edad, ¿Quién es el culpable?: evidentemente es un acto repudiable de los tantos que cometió Maradona. No obstante, ¿no deberíamos también emitir repudio hacia el gobierno socialista cubano que permite la prostitución de menores y, de hecho, las ofrece a gente pudiente como el antes mencionado? ¿No deberíamos también repudiar a otras figuras vanagloriadas por los mismos que defenestran a Diego Maradona que accedían a estos repugnantes “servicios” que ofrece el gobierno cubano? Veamos el ejemplo del escritor y periodista Rodolfo Walsh. Abiertamente autoproclamado miembro del grupo terrorista Montoneros escribió en la compilación ‘Rodolfo Walsh – Ese hombre y otros papeles’ (Ediciones de la Flor, 1995) las siguientes perversas palabras: “Entonces estábamos en la pieza, qué linda cara. Por favor, no me apriete la cintura, estoy de siete meses.

 

Yo no me había fijado en el saco de cuero con que se tapaba. Le dije, pobrecita, eres valiente, pero debo haber cambiado de cara. Tenía el vientre abultado. Hay pensamientos de placer en la maldad, coger a una niña embarazada de 16 años, empujar hasta el fondo y sentirse un maldito, que se joda, jodámonos todos.”. Rodolfo Walsh hoy es una figura enorme de la literatura argentina, pilar en la fundación del non-fiction. No creo que haya que desmeritar aquello, pero ¿por qué los “idealistas” merecen su renombre, y los pobres que lograron vencer la pobreza no?

 Se fue la última gran gloria que tuvo el suelo argentino, y se merece la despedida que aquellos que lo disfrutaron le están dando. Personalmente no poseo un sentimiento patriótico ni mucho menos, lo que me llevó a dar estas palabras es el dolor por la deshumanización y el sentimiento gigantesco que tienen sus seguidores y los que lo vivieron. Una persona así no podría irse sin levantar el sentir de multitudes.

 ¿Desde el Estado se deberían visibilizar otras causas, abrir duelos y generar conciencia sobre problemáticas que aquejan al país? Sin duda, pero eso no está conectado ni debería ser razón para desmeritar lo que significó Maradona. Espero que logre descansar en paz aún con tanto revuelo que está levantando su paso a la eternidad. Ojalá y tras su partida se deje de utilizar su vida como bien de consumo y dejen a su familia tranquila.

 Me gustaría cerrar con sus propias palabras, porque creo que nadie jamás podría definir a Diego Armando Maradona mejor que él mismo: “Cuando vos entrás a la cancha, se va la vida, se van los problemas, se va todo…”. Hasta siempre, Diego.

 

 

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