Carta a un narcótico perdido
Honestamente
desconozco si las pocas neuronas que no quemaste en litros de basura te
permitan algún día leer esto que te voy a dar. Espero de todo corazón que sí,
que mis palabras no queden el olvido eterno de ambos. Quizá sea muchísimo pedir que no reacciones
como el animal que sos, y me leas con cuidado. Aceptá lo que tengas que
aceptar, interiorizá mi mensaje y quizá eso te ayude a salir del pozo de mierda
en el que estás metido.
Creo que
incluso mientras me encuentro escribiendo esto, me pregunto si vale la pena
gastar un poco de mi tiempo siquiera en vos. Honestamente lejos estoy de ser de
tu calaña, que dedica mucho más tiempo del que le gustaría admitir en mí.
¿Acaso tan hipnótico resulto ser? No me daría el ego como para compararme con
alguna de las cosas tan repugnantes que te mandás vía sanguínea. No obstante, pese
a que aparentemente te crees mucho más hábil para escapar del ojo avisor de lo
que realmente sos, es inevitable no sentirme hastiado de que sigas cada paso
que hago para ¿saber de mí?¿controlarme?¿autoengañarte con una sensación de compañía
totalmente ficticia y que solo existe en la zona más superficial de tu
maltrecha psiquis?¿Seguir engañando a la gente haciendoles creer que sos algo que en realidad soy yo? (lo cual siempre me pareció lo más patético, jamás te esforzaste en crear algo por tu cuenta porque vos estás roto, necesitás la imagen copiada de otros para subsistir y creerte interesante)
Sí, mi nada estimado, obviamente soy
consciente de que no perdés de vista nada de lo que hago o digo, y seguramente
cuando te llegue esta carta ese sentimiento frío de poder enterarte de algo que
no te guste recorra tu espalda y te haga tragar más saliva de lo habitual.
Temés por mi libertad, como si en algo dependiese yo de vos (aunque sospecho que,
en el fondo, sabés bien que no es así).
Me gustaría profundizar un poco en vos, en
romper ese pseudo orgullo que te creaste para poder escapar de tu triste,
tristísima realidad. Quizá te hago un favor y podes salir de ese pozo asqueroso
en el que estuviste metido toda tu vida. Quizá, y solo quizá, rompes tu cárcel mental
y madurás de una vez. Tal vez mirás dentro tuyo y dejás de culpar a todo lo que
tenés alrededor de la miseria que sos.
Mientras vos te pegabas a mi cual parásito, consumiéndome
las ganas de vivir y pensar en mí y mi futuro, me hiciste sentir que yo era el
culpable de tu caída vertiginosa en la mierda en la que te metiste. Siempre me
sentí tan culpable de haberte convidado la que yo creía era la primer gota de
alcohol, o de haberte enseñado las experiencias que te pueden dar ciertas
sustancias. Sentía que si tan solo no te las presentaba, quizá hoy no estarías
donde estas y seguiríamos siendo buenos amigos. Pero la realidad siempre fue
que ni eramos buenos amigos (al contrario, eras un ser tóxico y parasitario,
que se alimentaba de mis recursos tanto económicos como de mi vitalidad) ni yo
soy el culpable de NADA que te esté pasando.
Hoy soy capaz de recordar, siempre que surge esa culpa, que antecedió una larga y sociopática cadena de eventos pautados por vos para que todo eso ocurriese. Fuiste vos quien me insistía en introducirte en esas porquerías que consumíamos, y que cuando yo te decía que no, utilizaba todos sus recursos manipuladores para hacerme sentir basura por no hacerlo. Me querías domesticar como a un perro y pretendías que no sintiese nada por ello (o, en su defecto, ni siquiera te importaba qué sintiese yo mientras vos mantuvieses tus ambiciones). De hecho el tiempo me hizo notar que quizá tu único objetivo era suprimir mi talento, suprimir el hecho de ser mejor que vos en absolutamente todo, suprimir el hecho de que VOS fueras un ser totalmente mediocre que no destacaba en nada. Pero detrás de eso también había miedo, miedo de que en cualquier cosa que intentes destacar yo memeta y sea mejor sin esfuerzo aparente, miedo del fracaso que terminaste siendo al final de la historia.
Y de todo esto último hay dos cosas que no puedo evitar destacar. Por un lado, hace relativamente poco me encontré con un antiguo compañero de trabajo tuyo. Él me comentó que te conocía y, muy para mi sorpresa, me comentó que eras un despojo desde muchísimo antes de siquiera conocerte. Me comentó que otro conocido suyo te pedía a gritos que dejes de hacer eso que haces con todos, que dejes de usar a las personas. Por otro lado me dijo que él y otro amigo suyo te habían dicho todo lo que pensaban sobre vos en la cara, y que tus ojos usualmente llenos de orgullo de cartón se asimilaron a los de un pobre perro mojado. ¿Dónde habrá quedado tu ego despampanante? Pese a eso, no tuviste el valor de enfrentar tu culpa y escapaste. Ambos dijeron que después de eso no volviste a acercarte. Asumo, conociéndote mejor que casi cualquiera, que te fuiste a despojarte de toda decencia al bar más barato que haya por la zona, junto a algún pobre diablo igual o más nimio que vos. Seguramente después trataste de creer que esa gente se preocupaba por vos porque les importaba tu “amistad”, aunque lamento decirte que no, que simplemente tenían la empatía que cualquier persona debe tener, aunque sea para un mero compañero que aportaba poco o nada. Para ellos eras basura, pero una persona, y a las personas no se las deja hundirse porque sí.
Obviamente también confirmaron que bebías galones de alcohol desde mucho antes de conocerte. ¿Eso también es mi culpa?
Y la segunda cosa que tengo que destacar es que estás solo. Y lo estás porque te lo mereces, porque sos un ser repelente y tóxico. Basas tu vida en utilizar a las personas, en consumirlas para crearte una realidad que no existe. Tus únicas compañías reales en la vida las dejas de lado, o las usas cuando te conviene. Pobre tu madre, realmente es la victima de todo esto. Ni siquiera te das el tupé de ponerte en su lugar. Siempre limpiándote el culo cuando llegas medio muerto a la casa, cubierto de vómito, de odio, de envidia. La enfermaste a tu mamá a base de preocuparla, de hacerle tener el corazón en la boca cada vez que ponías un pie fuera de la casa. Ojalá esa señora pueda tener paz algún día. Espero, de todo corazón, que no la termines de matar.
Pero pese a eso, pese a que tu madre da todo por vos, pese a que mucha gente se preocupó por vos en algún momento, solo mirás tu ombligo. Mismamente, yo he dado mucho por vos, y no me arrepiento, sé que hice lo que sentí y que mucho tiempo te aprecié, pero me querías hundir con vos. Esos días que me despertaba a tu lado en algún basural, sin saber qué había pasado la noche anterior, me hacían dar cuenta que no te importaba en lo absoluto mi futuro, o las consecuencias de hacerme lo que me hacías.
Hoy soy capaz de recordar, siempre que surge esa culpa, que antecedió una larga y sociopática cadena de eventos pautados por vos para que todo eso ocurriese. Fuiste vos quien me insistía en introducirte en esas porquerías que consumíamos, y que cuando yo te decía que no, utilizaba todos sus recursos manipuladores para hacerme sentir basura por no hacerlo. Me querías domesticar como a un perro y pretendías que no sintiese nada por ello (o, en su defecto, ni siquiera te importaba qué sintiese yo mientras vos mantuvieses tus ambiciones). De hecho el tiempo me hizo notar que quizá tu único objetivo era suprimir mi talento, suprimir el hecho de ser mejor que vos en absolutamente todo, suprimir el hecho de que VOS fueras un ser totalmente mediocre que no destacaba en nada. Pero detrás de eso también había miedo, miedo de que en cualquier cosa que intentes destacar yo memeta y sea mejor sin esfuerzo aparente, miedo del fracaso que terminaste siendo al final de la historia.
Y de todo esto último hay dos cosas que no puedo evitar destacar. Por un lado, hace relativamente poco me encontré con un antiguo compañero de trabajo tuyo. Él me comentó que te conocía y, muy para mi sorpresa, me comentó que eras un despojo desde muchísimo antes de siquiera conocerte. Me comentó que otro conocido suyo te pedía a gritos que dejes de hacer eso que haces con todos, que dejes de usar a las personas. Por otro lado me dijo que él y otro amigo suyo te habían dicho todo lo que pensaban sobre vos en la cara, y que tus ojos usualmente llenos de orgullo de cartón se asimilaron a los de un pobre perro mojado. ¿Dónde habrá quedado tu ego despampanante? Pese a eso, no tuviste el valor de enfrentar tu culpa y escapaste. Ambos dijeron que después de eso no volviste a acercarte. Asumo, conociéndote mejor que casi cualquiera, que te fuiste a despojarte de toda decencia al bar más barato que haya por la zona, junto a algún pobre diablo igual o más nimio que vos. Seguramente después trataste de creer que esa gente se preocupaba por vos porque les importaba tu “amistad”, aunque lamento decirte que no, que simplemente tenían la empatía que cualquier persona debe tener, aunque sea para un mero compañero que aportaba poco o nada. Para ellos eras basura, pero una persona, y a las personas no se las deja hundirse porque sí.
Obviamente también confirmaron que bebías galones de alcohol desde mucho antes de conocerte. ¿Eso también es mi culpa?
Y la segunda cosa que tengo que destacar es que estás solo. Y lo estás porque te lo mereces, porque sos un ser repelente y tóxico. Basas tu vida en utilizar a las personas, en consumirlas para crearte una realidad que no existe. Tus únicas compañías reales en la vida las dejas de lado, o las usas cuando te conviene. Pobre tu madre, realmente es la victima de todo esto. Ni siquiera te das el tupé de ponerte en su lugar. Siempre limpiándote el culo cuando llegas medio muerto a la casa, cubierto de vómito, de odio, de envidia. La enfermaste a tu mamá a base de preocuparla, de hacerle tener el corazón en la boca cada vez que ponías un pie fuera de la casa. Ojalá esa señora pueda tener paz algún día. Espero, de todo corazón, que no la termines de matar.
Pero pese a eso, pese a que tu madre da todo por vos, pese a que mucha gente se preocupó por vos en algún momento, solo mirás tu ombligo. Mismamente, yo he dado mucho por vos, y no me arrepiento, sé que hice lo que sentí y que mucho tiempo te aprecié, pero me querías hundir con vos. Esos días que me despertaba a tu lado en algún basural, sin saber qué había pasado la noche anterior, me hacían dar cuenta que no te importaba en lo absoluto mi futuro, o las consecuencias de hacerme lo que me hacías.
Ojalá te duela, y mucho, darte cuenta que
seguís solo. Que aquellos de los que te rodeas para engañarte son
los mismos que te dejaban tirado en algún desértico lugar, a
tu suerte, solo y con frío. Los mismos que nunca les importaste y de los que, cuando te convino,
hablaste mierda. Aunque, para darte un plus, esas veces tenías razón, esas
personas son basura y alimentan la parte repugnante de vos.
Pese a lo mucho que quieras engañarte a vos mismo, nunca vas a tener al lado a alguien como yo, como tu madre, o como algunos otros que nos preocupamos por vos y te supimos querer, solo para ser escupidos desde un primer momento en la cara. Estás hundido en tu propio vomito lleno de rencor, y seguramente sigas así, y sigas tropezándote con la misma piedra. Estas en un círculo cerrado, siempre tendés a lo mismo.
Pese a lo mucho que quieras engañarte a vos mismo, nunca vas a tener al lado a alguien como yo, como tu madre, o como algunos otros que nos preocupamos por vos y te supimos querer, solo para ser escupidos desde un primer momento en la cara. Estás hundido en tu propio vomito lleno de rencor, y seguramente sigas así, y sigas tropezándote con la misma piedra. Estas en un círculo cerrado, siempre tendés a lo mismo.
Yo me voy a ir, Lauro. No sé qué tanto puedas
seguirme la pista y esconderte como venís haciendo (que dicho sea de paso, eso
de esconderte no es que sea lo más efectivo, que te ocultes lejos está de
hacerme no tener consciencia de como seguís hundido, como seguís amaneciendo en
bares de mala muerte o sedado con caballo). Seguí tratando de tapar el sol con
un dedo, seguí escondido pese a que
todos sepamos de antemano que sos la soledad personificada, que sos veneno. Escondete porque la verdad sigue ahí, la verdad dolorosa de que en estos pocos párrafos te dí una cátedra de escritura que vos, en tu fracasado intento de dedicarte a esto, jamás podrías siquiera imitar. Sos mediocre incluso en eso a lo que decís dedicarte, y yo, en mi simple prosa, te supero sin esfuerzo alguno, como en todo. Aunque bueno, eso lo sabés mejor que yo.
Sinceramente, me debato mucho sobre si me gustaría que en una de tus aventuras simplemente murieses. Honestamente no creo que me sienta mal por ello, quizá incluso me alegraría por tu mamá, finalmente conseguiría la paz que tanto le deseo. Sos un peso para ella, y lamentablemente tu sangre lo hará hasta el día que alguno de los dos se vaya. ¿Yo? Me alejo, poco me puedo interesar en vos, estás perdido. Pero soy muy humano para librarme de todo pese a que merezco mi paz. Si algún día te me presentas en busca de ayuda, y soy capaz de discriminar tus manipulaciones asquerosas de un deseo genuino, no te voy a negar mi mano. Pero dudo mucho que tu orgullito banal te lo permita.
Sinceramente, me debato mucho sobre si me gustaría que en una de tus aventuras simplemente murieses. Honestamente no creo que me sienta mal por ello, quizá incluso me alegraría por tu mamá, finalmente conseguiría la paz que tanto le deseo. Sos un peso para ella, y lamentablemente tu sangre lo hará hasta el día que alguno de los dos se vaya. ¿Yo? Me alejo, poco me puedo interesar en vos, estás perdido. Pero soy muy humano para librarme de todo pese a que merezco mi paz. Si algún día te me presentas en busca de ayuda, y soy capaz de discriminar tus manipulaciones asquerosas de un deseo genuino, no te voy a negar mi mano. Pero dudo mucho que tu orgullito banal te lo permita.
Lo bueno
es que ya no voy a ver en qué punto patético vas a caer antes de tocar fondo, o
morir.
Un
saludo, y pese a todo te deseo lo mejor. No espero que al llegar a estas
palabras no estés soltando espuma por la boca cual perro rabioso, pero quizá
logras leerme y asimilas todo. Quizá esta vez no te escapas y afrontas lo que
te pase; o tal vez solo soy otro compañero de trabajo de la lista de los que te
dejaron atrás pero vos no pudiste hacer lo propio.
Un beso,
cuídate.
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