Una farsa sobre un fiasco (una comedia para toda la familia)

 

De este servidor para Woody Allen, maestro absoluto del bello arte del cine y fuente de inspiración en cada trabajo que hago. Si alguien ha sabido plasmar en el celuloide la complejidad y la absurdez del comportamiento humano en sus más amplios contrastes, ese ha sido usted. Que el arte hable por sí mismo.


Acto primero:

Escena primera:

Personajes: El ratón Céfiro, la zorra Iscariota, voz en off (preferentemente interpretada por el director de la obra)

 V.O: Los sucesos y personajes retratados en esta obra son completamente ficticios. Cualquier parecido con personas reales, vivas o muertas, o con hechos reales es pura coincidencia.

Se encienden las luces. Durante todo el acto debe sonar música Charleston, atenuándose sólo cuando los personajes hablan o ante cualquier indicación aquí descrita.  El ratón Céfiro, con sus lentes de botella, está sentado en un banco con sus brazos sumamente abiertos en una plaza que exhibe un limonero. Pasa una pareja de perros con sus nueve cachorritos, él se mantiene observando a la perra de la pareja.

Céfiro: (dirigiéndose al público) Oh! ¿Qué tal? ¿Hace mucho están por ahí? La realidad es que yo sí. Hace años que estoy en pareja con Iscariota y siempre llega tarde a nuestros encuentros, sin ninguna excepción de la que tenga memoria. Bueno, en realidad les estoy mintiendo, hubo una excepción que me es ciertamente complicada de olvidar. Ya llevábamos unos dos años y, dado a que conocía su actuar, decidí prepararme calmadamente, sin preocuparme por llegar demasiado puntual. Ese día, y sólo ese día, ella llegó temprano. No me habló por un mes y medio, tiempo en el que, de hecho… (pausa, traga un poco de saliva y prosigue) Me da un poco de pudor contarlo, pero en ese mes y medio estuvo con el cerdo Pilato. Nunca entendí demasiado el porqué de ello, siempre habló mal de él, decía que le daba asco cruzarse a un animal con tanto olor a su propio estiércol. Según ella fue una situación un tanto forzada y hubo algo de violencia de por medio, pero accedió. No me sorprende viniendo de un chancho, como tampoco me sorprende la falta de alguna respuesta contundente de ella. Isca es una zorra muy extraña, tiende a dejarse pisotear por cualquiera, al punto de dejar impunes cuestiones inenarrables. Es curioso, ¿no? perdonar a violadores pero defenestrar a un pobre impuntual (hace un ademán como si se estuviese levantando una galera imaginaria) pero, pese a todo, la quiero mucho. A partir de ese día no volví a fallar a mi horario y bueno, aquí me tienen, hace una hora sentado mirando a la gente pasar. Igual no nos pongamos dramáticos, no me quejo. Es algo bastante meditativo, aunque cierto es que hoy es un día especialmente frío, pero bueno, hay cosas peores (ríe y comienza a frotarse las manos).

Iscariota: (caminando lentamente) ¡Ay! Céfiro querido ¿Cómo estás? ¿Hace mucho estás esperando?

Céfiro: (se levanta del banco) No, no, en absoluto, cinco minutos como mucho. Qué frío que hace ¿No?

Iscariota: Sí, por suerte me traje mi abrigo y la verdad que no podría estar más calentita (pasa sus manos por los tríceps, simulando un gesto friolento).

Céfiro: (rascando su cabeza) Por casualidad, Isca, ¿Trajiste la campera que te pedí que me alcanzaras? Ya sabés, la que me olvidé en tu casa.

Iscariota: (sobreactuada) ¡Ay, querido! Disculpame, me olvidé, salí tan apurada que no hice tiempo.

Céfiro: (colocando su mano suavemente sobre su hombro) Tranquila, no pasa nada.

Un suave piano comienza a sonar al ritmo de That's a Plenty mientras los dos animales charlan sin que los espectadores escuchen. Van caminando a lo largo del escenario lentamente y una vez alcanzan el final del mismo, se detienen.

 Iscariota: (frenando súbitamente, seria) Escuchame Cefi, hay algo que tengo que comentarte, es importante.

Céfiro: Realmente debe serlo si fue motivo suficiente como para detener nuestra conversación sobre las justificaciones absurdas del sexo masculino para ocultar su incapacidad sexual y como la pseudociencia es en lo primero que se apoyan para tratar de escapar de su mediocridad (inspira exageradamente). Decime.

Iscariota: Bueno, te acordás del abuelo Francisco ¿no?

Céfiro: Sí, claro, ¿cómo olvidarlo? (mira al público) Bueno… el abuelo Francisco no es la figura más grata de la que tenga memoria si les soy honesto. Era el abuelo de parte paterna de Iscariota y la realidad es que el tipo era un pervertido en toda regla. El vocablo “se le caía la baba” se podía aplicar taxativamente a este sujeto. Según crecía Iscariota, más miradas se le escapaban sobre su nietita. Me sorprende de un zorro, parece más digno de un cerdo, pero bueno, para no dar morbo y suspenso a la vez voy a ir directo al punto, el abuelo abusó de ella. Según tengo entendido también lo sabían sus padres y quizá abuela zorra, quién sabe, el tema es que deciden ocultarlo. Hace mucho no hablamos sobre él, prácticamente desde que murió y ella, incomprensiblemente, lloró por él pese a haber dicho múltiples veces que lo odiaba. Según leí en algún artículo sobre psicología eso sucede por sentirse culpable de todo lo que le deseó al anciano. Igualmente sigue siendo incomprensible para mí, si tengo que ser franco (vuelve su mirada a Iscariota).

Iscariota: Nada, hoy en la facultad hablamos de “La fuente de la doncella” de Bergman y me puse a llorar, me sentí tocada.

Céfiro: Es entendible, no es la película más alegre del mundo. No te preocupes Isca, a cualquiera en tu situación le hubiese sucedido. (ahora dirigiéndose al público, en tono sarcástico) A mí personalmente me emociona mucho la escena en la que el personaje de Max von Sydow se pelea con un árbol. Sumamente inspiradora.

Iscariota: (sollozando, se seca las lágrimas con la cola) Lo sé, lo sé.

Céfiro: ¿Era eso? En serio, no es nada, es natural que suceda. Dale, vení (se sientan en el suelo y la abraza).

Iscariota: Gracias, lindo. En serio me pone muy feliz que estés acá para contenerme, pero… ese no es el tema que te tengo que mencionar.

Céfiro: Bueno, ¿para qué tanto suspenso? Suéltalo muchacha (burlón).

Iscariota: Betania vino a hablarme después de la clase, y me preguntó por qué había llorado.

Céfiro: ¿Le contaste?

Iscariota: Sí, le conté que la película me afectó mucho porque yo también fui abusada y que siempre que veo algo así me toca en esa fibra sensible.

Céfiro: Isca, sé que es raro decirlo, pero me alegra que hayas podido abrirte y finalmente destapar esto. Nunca entendí por qué tus padres siguen tratando de defender a ese vejestorio.

Iscariota: No le conté sobre el abuelo Francisco.

Céfiro: Uh. (rasca su cabeza) Disculpá, Isca. Me dejé llevar por la situación. Sabes que me molesta mucho que tipos así salgan airosos después de cagarle la vida a gente como vos.

Iscariota: Nada, le conté lo que me pasó sin dar nombres y ella empezó a preguntarme quién fue porque no quería que eso quedase impune.

Céfiro: ¿Y te negaste?

Iscariota: Me sentí muy presionada por ella. Insistió, insistió y entonces le dije… le dije que fuiste vos.

Céfiro: ¡¿QUÉ?! (la suelta y se para repentinamente. Su pantalón cae, revelando una ropa interior anticuada. Queda petrificado).

Iscariota: No sé, estaba nerviosa y fue lo primero que se me ocurrió. Solo quería que me dejara en paz.

Céfiro permanece petrificado, aún con los pantalones bajos.

Iscariota: Dale, por favor, dejá de hacerte el boludo (lo empuja y Céfiro cae al piso cual estatua).

Céfiro: (subiéndose los pantalones desde el suelo y levantándose) ¡¿Por qué hiciste eso?! Hay miles de millones de animales en el mundo ¿y me venís a elegir a mí como tu sujeto de prueba?

Iscariota: Ya te dije, boludo. Ella insistió y no supe qué decir. Sabes que mis viejos no quieren que se manche el honor del abuelo.

Céfiro: ¡¿Y EL MÍO SÍ?!

Iscariota: Dale boludo, ¿En qué te puede afectar? Va a ser un rumor como mucho, no te preocupes y no le des entidad.

Céfiro: ¿En qué me puede afectar? ¡¿En qué lo puede afectar a él que está tres metros bajo tierra descansando plácidamente y nadie lo puede linchar?!

Iscariota: Dale flaco, siempre lo mismo, siempre exageras todo, siempre es mi culpa todo. Mirá si te van a linchar por un rumor. Sos un egoísta y un insensible y…. Dejá, me voy (se para, da media vuelta y empieza a alejarse).

Céfiro: (dirigiéndose al público) Conozco esa cara, esa reacción. (junta sus manos y mira hacia arriba) Dios, por favor, no dejes que esto siga así, hazla entrar en razón, no quiero morir tan joven. Hay tanto que aún no he hecho. Tantos quesos por probar, tantos recovecos por recorrer, tanta vida por delante. Te prometo que no voy a volver a robar comida de restaurante alguno si me hacés salir de esta (comienza a correr para alcanzar a Iscariota).

Salen

Acto segundo:

Escena primera:

Personajes: La serpiente Betania, La lora Ápate, El cerdo Pilato, Cerdo 1, Cerdo 2, extras (diversos animales)

 

Patio de la universidad. La serpiente Betania se dirige a toda velocidad hacia la lora Ápate. Junto a la última hay un grupo importante de animales formando una ronda. En la punta del escenario el cerdo Pilato con un grupo de cerdos amigos.

Betania: Amiga, me enteré de algo (sisea).

Ápate: ¿Qué pasa, Beti? ¿Es algo grave?

Betania: Es una bomba (sisea). ¿Viste Iscariota, la zorra?

Ápate: Sí, tu amiga. No me cayó nunca demasiado bien, es bastante repelente.

Betania: Sí, lo sé, coincido (sisea). Tampoco es que sea mi amiga, pero bueno escúchame porque es muy grande esto ¿Te acordás de Céfiro? El ratón ese con el que sale ella, o salía.

Ápate: Sí, sí, lo recuerdo. Hablamos alguna vez, parecía bastante interesante pero un tanto retraído.

Betania: No amiga, sacate eso de la cabeza. El tipo es un violador, abusó de Iscariota.

Ápate: ¡¿CÓMO?! ¡Hermana, no puede ser! (se da media vuelta y se dirige a la ronda de animales) ¿Escucharon? El ratón Céfiro violó a la zorra Iscariota.

Animales: (unísono) ¡¿Cómo?!

La música sube. Se escuchan susurros entre los animales y un mono termina saliendo de la ronda para dirigirse al grupo del Cerdo Pilato. Le susurra algo al oído mientras el ceño del cerdo se va frunciendo.

Pilato: ¡¿CÓMO?! El único que viola a esa puta soy yo (mira a sus amigos). Escuchen muchachos, tenemos que agarrar a ese Céfiro y hacerlo mierda. No tiene que quedarle un solo hueso (eructa) un solo hueso sano.

Cerdos: (unísono) ¡SÍ! ¡VAMOS A AGARRARLO AL RATÓN ESE!

Los cerdos comienzan una intimidante marcha hacia la punta opuesta del escenario. A sus filas se le suman algunos animales y Betania, quien aún susurra cosas a los seres que tiene al lado. Salen de escena.

 

Escena segunda: 

Personajes: El ratón Céfiro, La zorra Iscariota, La zorra Enrafad, El zorro Trenal

Casa de Iscariota. Céfiro se encuentra sentado junto a Iscariota en la cama de la habitación, cabizbajo. Fuera de la habitación, en el comedor, están Enrafad y Trenal, atónitos, mirando la televisión junto a un armario. Enrafad viste una larga pollera mientras que Trenal se encuentra al natural.

Céfiro: ¿Podemos hablar? Te lo pido por Dios, no soporto esta situación.

Iscariota: (dándole la espalda a Céfiro)

Céfiro: Por favor te lo pido, necesito que pares esto, tengo miedo de lo que me pueda pasar. Mirá si algún loquito se entera del rumor este y viene a querer hacerme algo. No es el mejor momento para tu huelga de silencio ¿sabés?

Iscariota:

Céfiro: (errático) Vos sabés que me pueden matar ¿Verdad? Mirá, imagínate que alguno de esos rinocerontes que hacen rugby me viene a atacar ¿Cómo podría defenderme? Pueden pisarme sin ejercer un mínimo de fuerza. ¡PEOR! Imaginate que viene una manada de rinocerontes después de perder un partido. Cosas horribles les han hecho a otros por mucho menos de lo que me estás acusando. Mi amigo la lagartija una vez le volcó vino en la camisa a uno y lo transformaron en lombriz.

Iscariota: ¡YO NO TE ESTOY ACUSANDO! Sos un neurótico de mierda. Mirá si a alguien le va a importar el rumor ese, si es que existe. Literalmente no hablo con nadie en toda la universidad más allá de Betania, la única amiga que me queda. Así que déjame de molestar. Si tanto me odias ¿Qué hacés en mi casa?

Céfiro: ¡Qué amiga! Bien que cuando quiso te dejó tirada en la puerta de su casa hasta que terminó su cita con vaya a saber quién. Si esa es tu concepción de amistad entonces no me sorprende que culpar a tu pareja de lo que te hizo tu abuelo te parezca tan completamente normal.

Iscariota: ¡DEJALO EN PAZ! Él falleció, ¿Qué querés que haga? ¿Que vaya y lo desentierre para que pague por lo que me hizo?

Céfiro: Y, mirá, no estaría mal, pero en principio con que no me culpes por lo que él te hizo me conformo. ¿Qué clase de sentido tiene eso? ¿Y qué te cuesta simplemente salir a aclarar que no es así?

Iscariota: …

Céfiro: Lo único que falta es que me culpes a mí de lo que te hizo el cerdo Pilato…

Iscariota: (nerviosa) No tenés idea de nada, flaco. ¿Qué vas a saber de lo que pasó con él? ¿Estabas ahí? ¿Eh? ¡RESPONDEME!

Céfiro: (sarcástico) Gracias a Dios no, creo que me agarraría una anosmia que me perseguiría hasta la muerte de solo oler a ese tipo a un par de metros. No, no, la verdad que me baso en algo muy poco fiable si te soy sincero, tenés razón. ¿Cómo me voy a basar en tu testimonio? No, no, ¡Qué boludo soy!

Iscariota: ¿Sabés qué? (se incorpora y lo enfrenta, mientras habla clava su dedo índice en el pecho del ratón) Andate bien a cagar. No quiero saber nada de vos, nada. (se da media vuelta y camina rápidamente hacia el comedor) ¡MAMÁ! ¡MAMITA! ¡AYUDAME MAMÁ!

Céfiro: (dirigiéndose al público) ¿Saben? Yo pensé que estas cosas después de los dieciocho no sucedían.

La pareja de zorros se incorpora y reciben a su hija en sus brazos. Miran, iracundos, a Céfiro que sale de la habitación lentamente. Iscariota, al ver a Céfiro en el comedor, se esconde bajo la enorme pollera de la madre.

 

Enrafad: ¡Qué vergüenza! ¿No te cansas de ser tan violento, pedazo de rata inmunda?

Céfiro: (aún más errático en su tono y movimientos) ¡Pero estoy tratando de salvar mi vida!

Enrafad: ¿De qué vas a salvarte? Paranoico de cuarta, encima que mi hija te dio una segunda oportunidad la maltratas de esta manera.

Céfiro: ¿Segunda oportunidad de qué? ¿De qué está hablando? ¿Está usted drogada?

Enrafad: Vos tuviste la desfachatez de dejarla plantada. Pobrecita mi niña, sola en el medio de la calle, le pudo haber pasado cualquier cosa. Ella vale mucho más que una rata mugrosa como vos.

Céfiro: ¡¿Qué le va a pasar si llegué literalmente cinco minutos tarde?! Esto tiene que ser un chiste ¿Dónde está la cámara? (mira a su alrededor). Además, si vamos a ponernos en esa posición, ella SIEMPRE llega tarde.

Enrafad: No me consta. Viniendo de vos seguramente sea una sucia mentira para encubrir lo violento que sos.

Céfiro: (niega con la cabeza mientras mira al suelo) Esto no me puede estar pasando… (levanta la mirada, en dirección a la madre zorra) Enrafad ¿Sabe lo que realmente es violento? Encubrir al viejo violador ese que dejaron morir impune. ¿Usted se plantea eso, madame? ¿O acaso estirar la pollera para cubrir a su hija de sus propios errores la libra de culpa?

Padre y madre gruñen escandalizados al unísono. Todo sonido ambiente frena súbitamente. Trenal se hace a un costado y empieza a revolver violentamente un cajón del armario.

Céfiro: (al público) Creo que no fue la idea más inteligente decir esto estando encerrado en la casa de ellos.

Trenal: ¡VENÍ PARA ACÁ, RATA! ¡REPETÍ ESO QUE DIJISTE DE MI PADRE! ¡TE VOY A DESTRIPAR! (saca un cuchillo del cajón)

Céfiro: (al público) Definitivamente no fue una buena idea.

Trenal comienza a perseguir a Céfiro, mientras empieza a sonar Yakety Sax de Boots Randolph. Dan varias vueltas alrededor y sobre la cama. Céfiro deja de obstáculos distintas frazadas y objetos que tiene a mano hasta que encuentra la forma de salir de la habitación dejando a Trenal atrás y escapando del escenario.

 

Escena tercera:

Personajes: La zorra Iscariota, La zorra Enrafad, El zorro Trenal, El cerdo Pilato (V.O)

Casa de la familia zorro. En una esquina del comedor Trenal se encuentra afilando su cuchillo y refunfuñando de manera incomprensible. Mientras, Enrafad tiene en sus brazos a Iscariota, quien llora desconsoladamente. Las frazadas de la habitación aún están tiradas.

Iscariota: (entre llantos) Lo extraño, mamá.

Enrafad: (acariciando su cabeza) No, linda, no digas eso. Es un mal animal, vales mucho más que ese ratón.

Iscariota: Es que… Es que capaz tiene razón, no sé. ¡Dios! ¡Lo odio! ¡¿Tanto le puede costar quedarse callado?!

El teléfono en la habitación de Iscariota comienza a sonar. Ella se levanta, seca sus lágrimas y se dirige a atender.

Pilato (V.O): ¿Qué hacés, zorrita? ‘Cuchame, me enteré lo que te pasó, un garrón eh (eructa). ‘Cuchame, ¿Tenés idea de dónde está la rata esa? La estamos buscando por todas partes con los chicos.

Iscariota se queda en silencio, dubitativa. Golpea compulsivamente la mesa en la que se encuentra el teléfono con su dedo índice, nerviosa.

Pilato (V.O): Che, ¿estás ahí? No anda esta poronga (se escuchan golpes violentos al micrófono)

Iscariota: (traga saliva, espera a que terminen los golpes) Sí, hace unos minutos se fue de casa. Debe estar por acá, capaz esperando el colectivo (corta, se sienta sobre la cama con la mirada perdida y muerde su pata, temblando tenuemente).


Acto tercero:

Escena primera:

Personajes: El ratón Céfiro, El cerdo Pilato, La serpiente Betania, La zorra Iscariota, Cerdo 1, Cerdo 2, animales (extras) 

Parada de colectivos. Céfiro da vueltas sobre el lugar, cabizbajo. Se acomoda los lentes de manera compulsiva.

Céfiro: (dirigiéndose al público) ¿Saben? Quizá ella tenía razón y estoy sobrepensando la cosa. Es solo un rumor, quizá no le importe a nadie. Como eso de que Tom Cruise se comió la placenta de su hija o el que decía que Marx escribía su propia obra, o lo de Harvey Wein…Bueno, eso último no, pero me entienden. Además, todo esto me permitió darme cuenta que estar con Isca es como encender un cigarrillo al lado de un talibán… (sonríe) De todo se aprende en esta vida, supongo. A veces uno necesita ser acusado de un crimen que no cometió para darse cuenta que se está hundiendo y tiene un lastre sostenido al pie. Quizá todo esté bien…Sí, confío en que todo va a estar bien. (se sienta en la parada y se reclina hacia atrás).

Tan pronto como termina la frase entra a escena la manada de animales, con antorchas y objetos punzantes. Frente a ellos, liderando, está el cerdo Pilato. Céfiro mira a la turba, mira al público y se da una palmada en la cara. Acto seguido se levanta.

Turba: (unísono) ¡QUEREMOS A LA RATA! ¡QUEREMOS A LA RATA! ¡QUEREMOS A LA RATA! ¡QUEREMOS A LA RATA! ¡JUSTICIA POR ISCA! ¡JUSTICIA POR ISCA!

Céfiro: Ni en mis años de stand-up tuve un público así. (Mira al público) Debería habérmelo visto venir, ¿verdad?

La turba comienza a correr tras Céfiro. Nuevamente suena Yakety Sax de Boots Randolph mientras tiene lugar la persecución. Entra en escena un nuevo grupo de animales, esta vez cargando una cruz. Los animales que corrían a Céfiro se dividen en dos grupos y terminan encerrándolo.

Céfiro: No puedo creer que tantos individuos crean que fui capaz de aquello, de verd…

Cerdo 1: (gritandole a Céfiro desde muy cerca de su rostro) ¡CALLATE RATA VIOLÍN!

Céfiro: Solía tocarlo, pero tuve que venderlo para pagar el alquiler. Fue un mes un tanto duro, la verdad. ¿Sabías que me haces acordar al sargento Hartman en Full Metal Jacket? Ha de ser por la buena fe.

Cerdo 2: ¿Te haces el gracioso, ratón? (lanza un puñetazo al rostro de Céfiro, este cae al suelo y se agarra la mejilla, con una mueca de dolor) Reite ahora, violador.

Céfiro: ¿Violador? Piensen un segundo, ¿Quieren? ¿De verdad piensan que es físicamente posible que un ratón viole a una zorra? Créanme que con esa imaginación podrían hacer una gran carrera en la literatura… O el cine, quizá. Las posibilidades son infinitas últimamente.

Pilato: Suficiente. Traigan la cruz (Pilato sujeta un brazo de Céfiro, se le suman los otros dos cerdos al agarre. Lo mantiene levantado hasta que los animales colocan la cruz en el suelo. Acto seguido, lo posicionan sobre la misma y lo atan en ella).

Céfiro: (al público) Uno a veces se imagina cómo puede llegar a morir, pero, ¿realmente alguna vez imaginaron que podría pasar esto? (pausa) Yo tampoco.

Un animal le alcanza a Pilato un martillo. Este último procede a romper los lentes de Céfiro, tomando las patillas de los mismos para clavarlas en las manos del ratón y anclarlo a la cruz. Céfiro grita del dolor. Finalmente, los tres cerdos con ayuda de algunos animales toman la cruz y la irguen. Entra a escena Iscariota, cubierta con un velo que cubre casi la totalidad de su rostro. Se escabulle entre los animales y mira a Céfiro, quien también la mira. Permanecen en ese intercambio por algunos segundos.

Céfiro: ¡Les juro que yo no lo hice! Miren, allá a la derecha está Isca, pregúntenle. Ella les va a decir. Es todo un error, ella se equivocó, escúchenme...

En ese preciso instante Isca cubre la totalidad de su rostro y empieza a escabullirse fuera de la escena. El resto de los animales mira a su alrededor, sin éxito en su búsqueda.

Céfiro: ¡Ella estaba allí! No entiendo por qué se escapó, ella pudo…

Animales (unísono): ¡JUSTICIA!¡JUSTICIA!¡JUSTICIA!

Céfiro: (mirando al cielo) Padre ¿por qué me has abandonado? No lo entiendo, yo siempre ayudé a todos. Incluso a gente acá presente. Apostaría todo lo que tengo a que varios acá no hubiesen terminado sus estudios sin mí. ¿Cómo puede ser esto jus…? ¡AGH!

Pilato clava una lanza en el vientre de Céfiro antes de que este termine la frase. La escena queda en pausa por algunos segundos y entonces las luces se apagan.

Escena segunda:

Personajes: El ratón Céfiro, La zorra Iscariota, Profesor lémur, animales (extras)

Salón de clases lleno de animales escuchando a un lémur profesor, entre ellos Iscariota. Solo se oye el sonido ambiente.

Céfiro (V.O, serio): Han pasado tres días desde el linchamiento. Iscariota, quien supo estar en boca de todos por un corto período de tiempo, vio evaporarse sus cinco minutos de fama tan rápido como una mosca en la visión de quien intenta darle caza (los animales comienzan a levantarse e irse de la escena, Iscariota amaga saludarlos, pero ninguno le devuelve la mirada). Hoy ya volvió a ser la misma de antes. Bueno, no exactamente…

Céfiro entra en escena. Mientras, Iscariota sigue guardando sus cosas lentamente, con desgano.

Céfiro: (mirando al público, aún serio) Ahora ya no me tiene ahí.  (vuelve a su actitud normal) ¿Qué? ¿Pensaron que se iban a deshacer de mi entrañable presencia tan pronto? Ya, hablando en serio, estoy muerto, claro está (hace el gesto de acomodarse los lentes de manera compulsiva, pese a no tenerlos). Déjenme decirles que no es la sensación más agradable del mundo. Uno es intangible e invisible a los ojos de los vivos, pero realmente no puede hacer mucho. Los primeros cinco minutos son divertidos, podés vagar por donde quieras y observar, pero después te das cuenta que lo que le da valor a la experiencia humana es el hecho de que uno muere, de que el tiempo es finito. Ahora mismo podría estar en cualquier lugar del mundo, pero ¿qué valor tiene? Además, no hay nadie con quien comentar aquello que uno ve.

 Bueno, bueno, no nos pongamos dramáticos, morir tiene sus ventajas. Por ejemplo, ya no necesito lentes, mi miopía está curada. Lo único extraño es que, por alguna razón, no puedo oler… (rasca su cabeza, dubitativo. Iscariota se levanta y se va de la escena cabizbaja, tapando su rostro con sus manos). Y allí va. Estuve pensando mucho en ella últimamente, en las razones por las que estoy aquí, en mi vida… y recordé una pequeña historia que me comentó un buen amigo hace algunos años. Trataba de dos espías, en los tiempos de la guerra fría. Ambos eran de bandos contrarios y, sin aún conocer el secreto del otro. coincidieron en un bar. Hablaron, hubo muy buena conexión entre ellos y decidieron concretar otro encuentro tan pronto como pudieran. Lo cierto es que tenían agendas muy cargadas, por obvias razones, pero siempre encontraban un espacio para verse, y la pasaban realmente bien. Ella tenía una capacidad enorme para ocultar su tonada rusa y él, bueno, digamos que jugaba de local así que no tenía por qué preocuparse por ello.

 La relación, en algún punto, avanzó. De encuentros en bares pasaron a encuentros en departamentos y cada vez utilizaban más de su acotado tiempo libre para pasarlo juntos. Como quien pasa todos los días por la misma calle para ir hacia el trabajo y ve en el camino una casa que está siendo construida. Un día pasa y solo hay algunos pilares, otro día algunas paredes ya están levantadas, y luego el techo, las ventanas, la pintura… hasta que un día uno se para a mirar y ya hay una familia viviendo dentro, aquella construcción pasó a ser un hogar. Se enamoraron de esa manera, algo tan paulatino que era imposible determinar cuándo sucedió.

 La idea de ir a vivir juntos finalmente llegó y con ella el temor al tener que desvelar el secreto de su trabajo. El primer paso lo dio él y, pese a todo el nerviosismo que la situación provocó, ella hizo lo propio. Lo habían logrado, un amor que superaba las barreras ideológicas más antagónicas. Pasaron varios años juntos, siguiendo sus tareas por separado y encontrándose por las noches en su casa, dejando de lado el trabajo hasta el día siguiente. Ya la Guerra fría estaba agonizante, poco y nada le quedaba a la Unión de Granjas Socialistas Soviéticas cuando, con lágrimas en los ojos, la espía mató a su pareja con un disparo por la espalda (larga pausa). Supongo que, si hay una moraleja en esta historia, es que uno no puede plantar un manzano y pretender que de allí broten limones. Supongo también que yo me senté a esperar dichos limones, dejando que mi vida pasase por un costado.

 No puedo culparla a ella, es quien es y realmente fue un error mío pretender otra cosa. Ni siquiera se la puede culpar de ser así, realmente no eligió tener esos padres, ni mucho menos ese abuelo…. Es un tanto injusto ¿no? Todo esto de las relaciones termina siendo un juego de azar en el que todo funciona si se da una suma exacta de factores improbables e inapelables. La vida misma es ciertamente azarosa…Pero, pese a todo, sumamente bella. Hagan provecho de ella, no vale la pena tratar de evitar el deterioro de algo con vicio propio, es nadar a contracorriente (larga pausa contemplativa). (Errático) ¿Qué? ¿Que si Dios existe? ¿Están drogados? Miren si les voy a desvelar el misterio más grande del universo, por favor. ¿Siquiera me están escuchando? Vamos, afuera, se terminó la obra. Chau, váyanse, chau. Háganle caso al dicho y déjenme descansar en paz, creo que me lo merezco. Rápido muchachos…

Telón



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