Canto del súcubo y el conformista

 Canto del súcubo y el conformista

Hambrienta de almas
y frustrada por su incapacidad,
fue a dar con el conformista.

Como es de imaginarse,
la seducción no requirió demasiado esfuerzo.
Regordeta y pequeñita,
su camuflaje no destacó por el ostento.

Ingenuo, desconocía la interacción
la tímida llama de la incitación.

Se dejó estimular,
aún temeroso de pisar en falso.
¿Les parece extraño, acaso?

La grasa devino en escamas,
los dedos en enormes garras.
Mientras las fauces devoraban su yugular
el conformista cavilaba
que tampoco estaba tan mal,
que peor era la añoranza.

Escapando de la soledad,
dejó ir su humanidad.
Siendo un desparpajo de tripas
se sentía en comodidad.

Mírenlo,
mírenlo,
¿habrá alguna canción de verdad
que te haga despertar?

Mírenla,
Mírenla,
lo devora con mezquindad,
¿no te bastó
con comerte su felicidad?
¿acaso temes
que nadie caiga nuevamente en tu disfraz?

Valientes princesas,
honrados caballeros,
muchos intentaron sacarlo de su condena,
pero nadie le dio una certeza,
la inseguridad le repetía al oído
que aquel dolor era su única proeza.

Ay, conformista
qué pena nos das,
te esperaremos con una curita
cuando aprendas a dejar atrás.

Te esperaremos con una curita,
aunque no te prometemos
que dejes de sangrar.


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